CARIDAD RUIZ, PRESIDENTA DEL MOVIMIENTO BÍBLICO DE GALICIA:“De nada sirve hacer propaganda sobre grandes concentraciones y tener las iglesias vacías”
Por Roberto Amado

Su voz convence. Por momentos, conmueve. Caridad, cincuenta y pico años, natural de Cartagena, Presidenta del Movimiento Bíblico de Galicia -iglesia de base en estado puro- es capaz de repartir tanto a la diestra como a la siniestra sin pestañear. No muestra resignación alguna. Su veteranía es un grado, como la de un entrenador de fútbol de niños pequeños. 
Ha tenido que lidiar con padres incompetentes, feligreses desquiciados, niños repelentes y cargos eclesiásticos intratables. Sin embargo, su cara se ilumina cuando habla de las personas. Prefiere ayudar a los que tiene cerca, ser una más y no andarse por las ramas. Trata a su institución como si fuera una madre, algo a lo que querer y admirar, pero cuya comprensión implica crítica, sacrificio y paciencia. Ni circunloquios ni tecnicismos. “La fe no es una mercancía. Como cristiano se puede vivir ayudando a tu vecino, mostrándole respeto e intentando comprender su situación. Las monsergas y las doctrinas forman parte de un pasado muy oscuro que debemos superar, y eso pasa tirando las estructuras existentes. Las de ahora no valen. La Catedral de Santiago y la Sagrada Familia se llenaron, pero al día siguiente, las iglesias seguirán vacías. Como cristianos ya estamos recogiendo lo que sembramos”.  

¿La Iglesia está en crisis? 
“Vivimos inmersos en una crisis que abarca todos los aspectos. Ya no nos vale nada, ni la educación, ni la economía, ni la religión, ni la política… El problema no es la Iglesia, ni la religión. No. Aquí el malo de la película es el propio ser humano. Tendemos a imponer nuestras convicciones. Hemos pasado de una sociedad castrante, donde las instituciones eclesiásticas abusaban de su poder, a renegar de ellas y volvernos contra nosotros mismos, a matarnos, a odiarnos, y todo ello por tener la razón. ¿Es que acaso no es triste que hayamos perdido ese sentimiento de comunidad que tanto nos caracterizaba? A mí no me importa que creas o dejes de creer, pero no jodas a los demás. Llámalo como quieras. Llámalo fe en las personas, fe en algo divino, fe en el más allá, en el amor, en el buen hacer. Para mí es Dios, para otra persona será otra idea, pero el hecho es el mismo, y lo estamos dejando de lado.”

¿Existe alguna fórmula para recuperar la relación entre Iglesia y sociedad?
“Derribar las estructuras. Como hizo Jesús. Como Lutero. Al contrario de lo que piensa la gente, la fe volvió a nacer de entre sus cenizas. La Iglesia, tal y como la conocemos no vale. Yo creo en la Iglesia como pueblo sacerdotal, es decir, que concierne a todos. La jerarquía debe estar al servicio del pueblo, y no al revés. Cuando vino el obispo todo el mundo corrió a lamerle el culo y pisarle el suelo. Yo me negué. Yo no me arrodillo ante nadie. Le saludé de la misma manera a como lo hago a un amigo, o a mi hermana. ¿Y qué pasó después? Que cada vez que me ve, me viene a saludar. Porque saben de lo que hablo. Conocen mi fe, y lo demuestro con el trabajo diario. Ellos saben que mi guía espiritual no es el obispo de tal o el cardenal de cual, sino Dios. Esas figuras son representantes de su palabra, y yo tengo el derecho y el deber de leerlas, entenderlas, comprenderlas y analizarlas.”

Ya, y… ¿eso cómo lo ven tus colegas del arciprestazgo? 
“Pues cómo lo van a ver. Pues mal. Les envié una carta con motivo de la visita del Papa, una crítica con todo lo que se ha montado, y ni siquiera me respondieron.” 
Pero tengo entendido que te llevas muy bien con las altas esferas de la Iglesia. 
“Sí, claro, tengo amigos obispos. Me llevo muy bien con ellos, y ellos me aprecian a mí. Pero no les gusta que alcemos la voz para determinados temas, somos “los rojillos” de la Iglesia. Me llamaron para ver si podía reunir un grupo de gente de la zona e irnos en bus a montar jaleo en el aeropuerto. Me negué por una sencilla razón. De nada sirve hacer propaganda sobre grandes concentraciones multitudinarias y luego tener las iglesias vacías. Si es que siempre somos los mismos, cuatro gatos. Algo tiene que cambiar.”

¿En qué dirección?
“El Papa es un peregrino más, como tú y como yo. Se merece atención y respeto, no una fiesta con cánticos y lloriqueos. Es el representante máximo de Dios, pero no es el único en esta tarea. Estamos todos involucrados. Me emocionó cuando abrazó a aquella niña, mostró su lado más humano y dejó atrás a la figura que tiene que representar. Porque es un reputado teólogo, una persona culta, con una formación vastísima cuyas palabras muestran una profundidad aplastante. Pero llorar a su encuentro, rodeado de guardias, coches y más guardias, eso es lo que no entiendo. En las reuniones somos los mismos de siempre y con el tiempo, cada vez menos.”
Dos horas de conversación distaron mucho de la consabida moralina a la que estamos acostumbrados. En definitiva, Caridad no encuentra justificada una carpetovetónica fastuosidad, fanfarria y parafernalia más propia del Imperio Austrohúngaro que de una “gira sagrada”, ya sea en la forma de una estatua al Santo Padre o de un gasto millonario en recibimientos de tal calibre cuando “la Iglesia la construimos entre todos”.

CARIDAD RUIZ, PRESIDENTA DEL MOVIMIENTO BÍBLICO DE GALICIA:
“De nada sirve hacer propaganda sobre grandes concentraciones y tener las iglesias vacías”

Por Roberto Amado


Su voz convence. Por momentos, conmueve. Caridad, cincuenta y pico años, natural de Cartagena, Presidenta del Movimiento Bíblico de Galicia -iglesia de base en estado puro- es capaz de repartir tanto a la diestra como a la siniestra sin pestañear. No muestra resignación alguna. Su veteranía es un grado, como la de un entrenador de fútbol de niños pequeños.

Ha tenido que lidiar con padres incompetentes, feligreses desquiciados, niños repelentes y cargos eclesiásticos intratables. Sin embargo, su cara se ilumina cuando habla de las personas. Prefiere ayudar a los que tiene cerca, ser una más y no andarse por las ramas. Trata a su institución como si fuera una madre, algo a lo que querer y admirar, pero cuya comprensión implica crítica, sacrificio y paciencia. Ni circunloquios ni tecnicismos. “La fe no es una mercancía. Como cristiano se puede vivir ayudando a tu vecino, mostrándole respeto e intentando comprender su situación. Las monsergas y las doctrinas forman parte de un pasado muy oscuro que debemos superar, y eso pasa tirando las estructuras existentes. Las de ahora no valen. La Catedral de Santiago y la Sagrada Familia se llenaron, pero al día siguiente, las iglesias seguirán vacías. Como cristianos ya estamos recogiendo lo que sembramos”. 


¿La Iglesia está en crisis?

Vivimos inmersos en una crisis que abarca todos los aspectos. Ya no nos vale nada, ni la educación, ni la economía, ni la religión, ni la política… El problema no es la Iglesia, ni la religión. No. Aquí el malo de la película es el propio ser humano. Tendemos a imponer nuestras convicciones. Hemos pasado de una sociedad castrante, donde las instituciones eclesiásticas abusaban de su poder, a renegar de ellas y volvernos contra nosotros mismos, a matarnos, a odiarnos, y todo ello por tener la razón. ¿Es que acaso no es triste que hayamos perdido ese sentimiento de comunidad que tanto nos caracterizaba? A mí no me importa que creas o dejes de creer, pero no jodas a los demás. Llámalo como quieras. Llámalo fe en las personas, fe en algo divino, fe en el más allá, en el amor, en el buen hacer. Para mí es Dios, para otra persona será otra idea, pero el hecho es el mismo, y lo estamos dejando de lado.”


¿Existe alguna fórmula para recuperar la relación entre Iglesia y sociedad?

“Derribar las estructuras. Como hizo Jesús. Como Lutero. Al contrario de lo que piensa la gente, la fe volvió a nacer de entre sus cenizas. La Iglesia, tal y como la conocemos no vale. Yo creo en la Iglesia como pueblo sacerdotal, es decir, que concierne a todos. La jerarquía debe estar al servicio del pueblo, y no al revés. Cuando vino el obispo todo el mundo corrió a lamerle el culo y pisarle el suelo. Yo me negué. Yo no me arrodillo ante nadie. Le saludé de la misma manera a como lo hago a un amigo, o a mi hermana. ¿Y qué pasó después? Que cada vez que me ve, me viene a saludar. Porque saben de lo que hablo. Conocen mi fe, y lo demuestro con el trabajo diario. Ellos saben que mi guía espiritual no es el obispo de tal o el cardenal de cual, sino Dios. Esas figuras son representantes de su palabra, y yo tengo el derecho y el deber de leerlas, entenderlas, comprenderlas y analizarlas.”


Ya, y… ¿eso cómo lo ven tus colegas del arciprestazgo?

“Pues cómo lo van a ver. Pues mal. Les envié una carta con motivo de la visita del Papa, una crítica con todo lo que se ha montado, y ni siquiera me respondieron.

Pero tengo entendido que te llevas muy bien con las altas esferas de la Iglesia.

Sí, claro, tengo amigos obispos. Me llevo muy bien con ellos, y ellos me aprecian a mí. Pero no les gusta que alcemos la voz para determinados temas, somos “los rojillos” de la Iglesia. Me llamaron para ver si podía reunir un grupo de gente de la zona e irnos en bus a montar jaleo en el aeropuerto. Me negué por una sencilla razón. De nada sirve hacer propaganda sobre grandes concentraciones multitudinarias y luego tener las iglesias vacías. Si es que siempre somos los mismos, cuatro gatos. Algo tiene que cambiar.”


¿En qué dirección?

“El Papa es un peregrino más, como tú y como yo. Se merece atención y respeto, no una fiesta con cánticos y lloriqueos. Es el representante máximo de Dios, pero no es el único en esta tarea. Estamos todos involucrados. Me emocionó cuando abrazó a aquella niña, mostró su lado más humano y dejó atrás a la figura que tiene que representar. Porque es un reputado teólogo, una persona culta, con una formación vastísima cuyas palabras muestran una profundidad aplastante. Pero llorar a su encuentro, rodeado de guardias, coches y más guardias, eso es lo que no entiendo. En las reuniones somos los mismos de siempre y con el tiempo, cada vez menos.”

Dos horas de conversación distaron mucho de la consabida moralina a la que estamos acostumbrados. En definitiva, Caridad no encuentra justificada una carpetovetónica fastuosidad, fanfarria y parafernalia más propia del Imperio Austrohúngaro que de una “gira sagrada”, ya sea en la forma de una estatua al Santo Padre o de un gasto millonario en recibimientos de tal calibre cuando “la Iglesia la construimos entre todos”.

CARIDAD RUIZ, PRESIDENTA DEL MOVIMIENTO BÍBLICO DE GALICIA:“De nada sirve hacer propaganda sobre grandes concentraciones y tener las iglesias vacías”
Por Roberto Amado

Su voz convence. Por momentos, conmueve. Caridad, cincuenta y pico años, natural de Cartagena, Presidenta del Movimiento Bíblico de Galicia -iglesia de base en estado puro- es capaz de repartir tanto a la diestra como a la siniestra sin pestañear. No muestra resignación alguna. Su veteranía es un grado, como la de un entrenador de fútbol de niños pequeños. 
Ha tenido que lidiar con padres incompetentes, feligreses desquiciados, niños repelentes y cargos eclesiásticos intratables. Sin embargo, su cara se ilumina cuando habla de las personas. Prefiere ayudar a los que tiene cerca, ser una más y no andarse por las ramas. Trata a su institución como si fuera una madre, algo a lo que querer y admirar, pero cuya comprensión implica crítica, sacrificio y paciencia. Ni circunloquios ni tecnicismos. “La fe no es una mercancía. Como cristiano se puede vivir ayudando a tu vecino, mostrándole respeto e intentando comprender su situación. Las monsergas y las doctrinas forman parte de un pasado muy oscuro que debemos superar, y eso pasa tirando las estructuras existentes. Las de ahora no valen. La Catedral de Santiago y la Sagrada Familia se llenaron, pero al día siguiente, las iglesias seguirán vacías. Como cristianos ya estamos recogiendo lo que sembramos”.  

¿La Iglesia está en crisis? 
“Vivimos inmersos en una crisis que abarca todos los aspectos. Ya no nos vale nada, ni la educación, ni la economía, ni la religión, ni la política… El problema no es la Iglesia, ni la religión. No. Aquí el malo de la película es el propio ser humano. Tendemos a imponer nuestras convicciones. Hemos pasado de una sociedad castrante, donde las instituciones eclesiásticas abusaban de su poder, a renegar de ellas y volvernos contra nosotros mismos, a matarnos, a odiarnos, y todo ello por tener la razón. ¿Es que acaso no es triste que hayamos perdido ese sentimiento de comunidad que tanto nos caracterizaba? A mí no me importa que creas o dejes de creer, pero no jodas a los demás. Llámalo como quieras. Llámalo fe en las personas, fe en algo divino, fe en el más allá, en el amor, en el buen hacer. Para mí es Dios, para otra persona será otra idea, pero el hecho es el mismo, y lo estamos dejando de lado.”

¿Existe alguna fórmula para recuperar la relación entre Iglesia y sociedad?
“Derribar las estructuras. Como hizo Jesús. Como Lutero. Al contrario de lo que piensa la gente, la fe volvió a nacer de entre sus cenizas. La Iglesia, tal y como la conocemos no vale. Yo creo en la Iglesia como pueblo sacerdotal, es decir, que concierne a todos. La jerarquía debe estar al servicio del pueblo, y no al revés. Cuando vino el obispo todo el mundo corrió a lamerle el culo y pisarle el suelo. Yo me negué. Yo no me arrodillo ante nadie. Le saludé de la misma manera a como lo hago a un amigo, o a mi hermana. ¿Y qué pasó después? Que cada vez que me ve, me viene a saludar. Porque saben de lo que hablo. Conocen mi fe, y lo demuestro con el trabajo diario. Ellos saben que mi guía espiritual no es el obispo de tal o el cardenal de cual, sino Dios. Esas figuras son representantes de su palabra, y yo tengo el derecho y el deber de leerlas, entenderlas, comprenderlas y analizarlas.”

Ya, y… ¿eso cómo lo ven tus colegas del arciprestazgo? 
“Pues cómo lo van a ver. Pues mal. Les envié una carta con motivo de la visita del Papa, una crítica con todo lo que se ha montado, y ni siquiera me respondieron.” 
Pero tengo entendido que te llevas muy bien con las altas esferas de la Iglesia. 
“Sí, claro, tengo amigos obispos. Me llevo muy bien con ellos, y ellos me aprecian a mí. Pero no les gusta que alcemos la voz para determinados temas, somos “los rojillos” de la Iglesia. Me llamaron para ver si podía reunir un grupo de gente de la zona e irnos en bus a montar jaleo en el aeropuerto. Me negué por una sencilla razón. De nada sirve hacer propaganda sobre grandes concentraciones multitudinarias y luego tener las iglesias vacías. Si es que siempre somos los mismos, cuatro gatos. Algo tiene que cambiar.”

¿En qué dirección?
“El Papa es un peregrino más, como tú y como yo. Se merece atención y respeto, no una fiesta con cánticos y lloriqueos. Es el representante máximo de Dios, pero no es el único en esta tarea. Estamos todos involucrados. Me emocionó cuando abrazó a aquella niña, mostró su lado más humano y dejó atrás a la figura que tiene que representar. Porque es un reputado teólogo, una persona culta, con una formación vastísima cuyas palabras muestran una profundidad aplastante. Pero llorar a su encuentro, rodeado de guardias, coches y más guardias, eso es lo que no entiendo. En las reuniones somos los mismos de siempre y con el tiempo, cada vez menos.”
Dos horas de conversación distaron mucho de la consabida moralina a la que estamos acostumbrados. En definitiva, Caridad no encuentra justificada una carpetovetónica fastuosidad, fanfarria y parafernalia más propia del Imperio Austrohúngaro que de una “gira sagrada”, ya sea en la forma de una estatua al Santo Padre o de un gasto millonario en recibimientos de tal calibre cuando “la Iglesia la construimos entre todos”.

CARIDAD RUIZ, PRESIDENTA DEL MOVIMIENTO BÍBLICO DE GALICIA:
“De nada sirve hacer propaganda sobre grandes concentraciones y tener las iglesias vacías”

Por Roberto Amado


Su voz convence. Por momentos, conmueve. Caridad, cincuenta y pico años, natural de Cartagena, Presidenta del Movimiento Bíblico de Galicia -iglesia de base en estado puro- es capaz de repartir tanto a la diestra como a la siniestra sin pestañear. No muestra resignación alguna. Su veteranía es un grado, como la de un entrenador de fútbol de niños pequeños.

Ha tenido que lidiar con padres incompetentes, feligreses desquiciados, niños repelentes y cargos eclesiásticos intratables. Sin embargo, su cara se ilumina cuando habla de las personas. Prefiere ayudar a los que tiene cerca, ser una más y no andarse por las ramas. Trata a su institución como si fuera una madre, algo a lo que querer y admirar, pero cuya comprensión implica crítica, sacrificio y paciencia. Ni circunloquios ni tecnicismos. “La fe no es una mercancía. Como cristiano se puede vivir ayudando a tu vecino, mostrándole respeto e intentando comprender su situación. Las monsergas y las doctrinas forman parte de un pasado muy oscuro que debemos superar, y eso pasa tirando las estructuras existentes. Las de ahora no valen. La Catedral de Santiago y la Sagrada Familia se llenaron, pero al día siguiente, las iglesias seguirán vacías. Como cristianos ya estamos recogiendo lo que sembramos”. 


¿La Iglesia está en crisis?

Vivimos inmersos en una crisis que abarca todos los aspectos. Ya no nos vale nada, ni la educación, ni la economía, ni la religión, ni la política… El problema no es la Iglesia, ni la religión. No. Aquí el malo de la película es el propio ser humano. Tendemos a imponer nuestras convicciones. Hemos pasado de una sociedad castrante, donde las instituciones eclesiásticas abusaban de su poder, a renegar de ellas y volvernos contra nosotros mismos, a matarnos, a odiarnos, y todo ello por tener la razón. ¿Es que acaso no es triste que hayamos perdido ese sentimiento de comunidad que tanto nos caracterizaba? A mí no me importa que creas o dejes de creer, pero no jodas a los demás. Llámalo como quieras. Llámalo fe en las personas, fe en algo divino, fe en el más allá, en el amor, en el buen hacer. Para mí es Dios, para otra persona será otra idea, pero el hecho es el mismo, y lo estamos dejando de lado.”


¿Existe alguna fórmula para recuperar la relación entre Iglesia y sociedad?

“Derribar las estructuras. Como hizo Jesús. Como Lutero. Al contrario de lo que piensa la gente, la fe volvió a nacer de entre sus cenizas. La Iglesia, tal y como la conocemos no vale. Yo creo en la Iglesia como pueblo sacerdotal, es decir, que concierne a todos. La jerarquía debe estar al servicio del pueblo, y no al revés. Cuando vino el obispo todo el mundo corrió a lamerle el culo y pisarle el suelo. Yo me negué. Yo no me arrodillo ante nadie. Le saludé de la misma manera a como lo hago a un amigo, o a mi hermana. ¿Y qué pasó después? Que cada vez que me ve, me viene a saludar. Porque saben de lo que hablo. Conocen mi fe, y lo demuestro con el trabajo diario. Ellos saben que mi guía espiritual no es el obispo de tal o el cardenal de cual, sino Dios. Esas figuras son representantes de su palabra, y yo tengo el derecho y el deber de leerlas, entenderlas, comprenderlas y analizarlas.”


Ya, y… ¿eso cómo lo ven tus colegas del arciprestazgo?

“Pues cómo lo van a ver. Pues mal. Les envié una carta con motivo de la visita del Papa, una crítica con todo lo que se ha montado, y ni siquiera me respondieron.

Pero tengo entendido que te llevas muy bien con las altas esferas de la Iglesia.

Sí, claro, tengo amigos obispos. Me llevo muy bien con ellos, y ellos me aprecian a mí. Pero no les gusta que alcemos la voz para determinados temas, somos “los rojillos” de la Iglesia. Me llamaron para ver si podía reunir un grupo de gente de la zona e irnos en bus a montar jaleo en el aeropuerto. Me negué por una sencilla razón. De nada sirve hacer propaganda sobre grandes concentraciones multitudinarias y luego tener las iglesias vacías. Si es que siempre somos los mismos, cuatro gatos. Algo tiene que cambiar.”


¿En qué dirección?

“El Papa es un peregrino más, como tú y como yo. Se merece atención y respeto, no una fiesta con cánticos y lloriqueos. Es el representante máximo de Dios, pero no es el único en esta tarea. Estamos todos involucrados. Me emocionó cuando abrazó a aquella niña, mostró su lado más humano y dejó atrás a la figura que tiene que representar. Porque es un reputado teólogo, una persona culta, con una formación vastísima cuyas palabras muestran una profundidad aplastante. Pero llorar a su encuentro, rodeado de guardias, coches y más guardias, eso es lo que no entiendo. En las reuniones somos los mismos de siempre y con el tiempo, cada vez menos.”

Dos horas de conversación distaron mucho de la consabida moralina a la que estamos acostumbrados. En definitiva, Caridad no encuentra justificada una carpetovetónica fastuosidad, fanfarria y parafernalia más propia del Imperio Austrohúngaro que de una “gira sagrada”, ya sea en la forma de una estatua al Santo Padre o de un gasto millonario en recibimientos de tal calibre cuando “la Iglesia la construimos entre todos”.

Posted 2 years ago 2 notes View high resolution

Notes:

  1. eugenie-peck reblogged this from youdoc
  2. youdoc posted this

¿Qué es youdoc?

Mira. Aprende. Colabora. Documenta. Y comunica.

Youdoc se concibe como un contenedor de propuestas documentales que apuestan por hibridar disciplinas y formatos.


Keywords: Documental. Nodo. Acción colaborativa.

***********
"Barcelona, dividida ante la visita de Benedicto XVI" es el primer proyecto que alberga youdoc.
Concepto y coordinación: Alberto Arce.
Realización: Alberto Arce, Arianna Giménez, Cristina Carulla, Edgar Melo, Joaquín Jordán, Jordi Domenech, Mariano Re, Marta Casas, Neus Solà, Roberto Amado, Victor Tapia y David Datzira