LO QUE HA UNIDO DIOS …
por Arianna Giménez
A media hora de que el Papa Móvil arranque, en las calles colindantes a la Catedral de Barcelona únicamente se oye el ruido de un camión de limpieza. Donde hace unas horas se brindaba con todo menos con la Sangre de Cristo impera en este momento la tranquilidad. La calma propia de un domingo casi alcanza a disimular la retención por parte de unos Mossos d’Esquadra de un grupo de jóvenes con banderas de “Jo no t’espero”, colectivo contrario a la visita del pontífice que comienzan a acercarse.
En la Plaza, los primeros fieles esperan delante de la Catedral a que el reloj marque las diez, hora a la que está previsto que el Benedicto XVI empiece su ruta. El ruido del camión de la basura es sustituido por los cantos de un grupo del Camino Neocatecumenal, comunidad católica de travesía conservadora. Acompañados de guitarras y algún tambor parecen decididos a poner banda sonora a la aparición de Ratzinger. Cogidos de los hombros han creado un círculo. Dan vueltas sin cesar. En otra época, ceniza de hereje sin la menor duda.
Entre aleluya y aleluya, uno de sus miembros explica “venimos de Madrid, necesitamos oír al Papa para que nos confirme la fe”. Cree que la Besada Popular organizada por “Jo no t’espero” es una falta de respeto: “Dios quiere a todo el mundo, seas gay o no”. Fran, Milagros y Fátima, de Barcelona, comparten comunidad así como esta idea de amor cristiano. “Amor para todos” menos para los socialistas: “su demagogia es la culpable de las críticas que ha recibido la visita del Papa”. Tienen 19, 17 y 15 años, respectivamente.
No creen que los escándalos por abusos sexuales expliquen la razón por la cual el club de fans de Benedicto XVI sea menor que el de Juan Pablo II. Para sus admiradores respectivos, seguro que cada uno supone “el terror de las nenas”. Simplemente, “Juan Pablo era más popular”, dicen. En el top manta eclesiástico, Ratzinger se quedaría a la altura de la tuna.
El Papa Móvil arranca a una velocidad más propia de Papa Exprés. Cual mariposas, que no mariposones, que echan a volar, un grupo de gays y lesbianas se besan a su paso respaldando la Besada Popular organizada por “Jo no t’espero”. Hombres y mujeres hartos de estar envueltos durante años por alambre de espinas más que por seda y que, aún hoy, se ven obligados a protestar rodeados de vallas de seguridad.
Benedicto XVI desaparece, dejando tras de sí a los hijos de Dios. A todos, a los bastardos también. Los que llevan banderines de bienvenida al pontífice, lucen mozos y joviales. A alguno se le escapa la mano alzada, reflejo de una época que no le tocó vivir. “Esta es la juventud del Papa!”, gritan, alarido al que curiosamente se suma un hombre no tan joven que, a grito de “mugrosos!”, se encara con los que cambiaron la retórica por el beso.
Continúan. “Benedicto, Benedicto!”. Le sigue un “Pederasta, pederasta”. “Viva el Papa, Viva el Papa!” gritan aún más fuerte. Son contestados con un “Viva Lady Gaga!”
Clamores que se mezclan en el cielo. Palabras que separan en la tierra. A un lado de este mar de naufragios, prójimos unidos a golpe de pureza. Al otro, defensores de una libertad negada en más de una ocasión en el nombre de un padre por el que no siempre se han sentido queridos.
Lo que separa al hombre, no lo puede unir ni Dios.
LO QUE HA UNIDO DIOS …
por Arianna Giménez
A media hora de que el Papa Móvil arranque, en las calles colindantes a la Catedral de Barcelona únicamente se oye el ruido de un camión de limpieza. Donde hace unas horas se brindaba con todo menos con la Sangre de Cristo impera en este momento la tranquilidad. La calma propia de un domingo casi alcanza a disimular la retención por parte de unos Mossos d’Esquadra de un grupo de jóvenes con banderas de “Jo no t’espero”, colectivo contrario a la visita del pontífice que comienzan a acercarse.
En la Plaza, los primeros fieles esperan delante de la Catedral a que el reloj marque las diez, hora a la que está previsto que el Benedicto XVI empiece su ruta. El ruido del camión de la basura es sustituido por los cantos de un grupo del Camino Neocatecumenal, comunidad católica de travesía conservadora. Acompañados de guitarras y algún tambor parecen decididos a poner banda sonora a la aparición de Ratzinger. Cogidos de los hombros han creado un círculo. Dan vueltas sin cesar. En otra época, ceniza de hereje sin la menor duda.
Entre aleluya y aleluya, uno de sus miembros explica “venimos de Madrid, necesitamos oír al Papa para que nos confirme la fe”. Cree que la Besada Popular organizada por “Jo no t’espero” es una falta de respeto: “Dios quiere a todo el mundo, seas gay o no”. Fran, Milagros y Fátima, de Barcelona, comparten comunidad así como esta idea de amor cristiano. “Amor para todos” menos para los socialistas: “su demagogia es la culpable de las críticas que ha recibido la visita del Papa”. Tienen 19, 17 y 15 años, respectivamente.
No creen que los escándalos por abusos sexuales expliquen la razón por la cual el club de fans de Benedicto XVI sea menor que el de Juan Pablo II. Para sus admiradores respectivos, seguro que cada uno supone “el terror de las nenas”. Simplemente, “Juan Pablo era más popular”, dicen. En el top manta eclesiástico, Ratzinger se quedaría a la altura de la tuna.
El Papa Móvil arranca a una velocidad más propia de Papa Exprés. Cual mariposas, que no mariposones, que echan a volar, un grupo de gays y lesbianas se besan a su paso respaldando la Besada Popular organizada por “Jo no t’espero”. Hombres y mujeres hartos de estar envueltos durante años por alambre de espinas más que por seda y que, aún hoy, se ven obligados a protestar rodeados de vallas de seguridad.
Benedicto XVI desaparece, dejando tras de sí a los hijos de Dios. A todos, a los bastardos también. Los que llevan banderines de bienvenida al pontífice, lucen mozos y joviales. A alguno se le escapa la mano alzada, reflejo de una época que no le tocó vivir. “Esta es la juventud del Papa!”, gritan, alarido al que curiosamente se suma un hombre no tan joven que, a grito de “mugrosos!”, se encara con los que cambiaron la retórica por el beso.
Continúan. “Benedicto, Benedicto!”. Le sigue un “Pederasta, pederasta”. “Viva el Papa, Viva el Papa!” gritan aún más fuerte. Son contestados con un “Viva Lady Gaga!”
Clamores que se mezclan en el cielo. Palabras que separan en la tierra. A un lado de este mar de naufragios, prójimos unidos a golpe de pureza. Al otro, defensores de una libertad negada en más de una ocasión en el nombre de un padre por el que no siempre se han sentido queridos.
Lo que separa al hombre, no lo puede unir ni Dios.
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